la catedral y sus alrededores
Un edificio del que nos podemos sentir orgullosos los madrileños es la catedral de Nuestra Señora de la Almudena. Aunque la construcción comenzó en la segunda mitad del siglo XIX no se terminó hasta 1993. Pero la espera ha merecido la pena. Las mañanas de los domingos son un buen momento para pasear por los aledaños y por el interior de la basílica. Una de las experiencias más interesantes es ver cómo cada domingo decenas de personas suben las escaleras del altar donde se encuentra la virgen de la Almudena, palabra que procede del árabe Almudayna, que significa muralla exterior. Precisamente se la llamó así porque en esa zona de Madrid en la que se encontró la imagen de la Virgen en el año 1085 estaba la muralla árabe de la ciudad. De hecho, justo enfrente de uno de los laterales del templo, en la zona sur bajando por la empinada cuesta de la Vega se encuentran los restos de la muralla árabe y se cree que en este lugar estaba ubicada una de las puertas principales de Mayrit, el nombre árabe de nuestra ciudad, del que deriva el actual. Los restos de la muralla árabe se alzan a lo largo de uno de los costados del parque del Emir Mohamed I, el jefe musulmán que fundó nuestra ciudad. Allí están los vestigios arqueológicos de origen árabe del siglo IX descubiertos durante unas excavaciones en 1953, y además hay también restos de la muralla cristiana del siglo XII. Es un parque poco conocido, pero no deja de ser curioso. Aunque pequeño y desprovisto de árboles, merece la pena visitarlo después de contemplar las joyas de la catedral, entre las que se encuentran los recientes frescos multicolores de los techos, que dan una alegría y modernidad que se agradecen.
Después, paseando por la zona del Palacio Real, puedes tomarte uno de los típicos barquillos de galleta despachados por un vendedor vestido de chulapo, porque estamos en una de las zonas más castizas de la capital. La zona también tiene lugares para comer, desde las famosas y populares terrazas de Las Vistillas hasta restaurantes tan recomendables como La Botillería del Padre Lezama o La Vaca Argentina. Este es de los mejores lugares por su relación calidad-precio, y además la carne es excepcional. Lo mejor es el bife que puedes pedir de 200, 300 o 400 gramos, dependiendo del apetito de cada uno, acompañado de guarnición; mi preferida es la patata asada con mantequilla. Haciendo honor al nombre del restaurante el postre de la casa es el dulce de leche, dos crepes finísimos rellenos de este dulce típico argentino, que para quien no lo haya probado sabe parecido al caramelo toffe. Otro día os contaré otro de mis planes favoritos.