RESPETEMOS LOS MONUMENTOS, ANTE UN POSIBLE TÍTULO CERCANO
De las victorias y hazañas deportivas logradas por el equipo y de las que participan los seguidores se obtiene la fuerza, la legitimidad y la ocasión para reivindicar la propiedad ciudadana del patrimonio y “vivificar” los símbolos urbanos, normalmente muertos y sometidos al control político de las autoridades. La pasión por el fútbol moviliza a la gente y posibilita un momento y un lugar para la manifestación de su fuerza y su expresividad transgresora en el espacio público. El poder del fútbol, personificado en sus miles de seguidores, toman la calle y las estatuas, en un acto de orgulloso desafío al control político, al orden urbano y al concepto elitista de aprecio del patrimonio histórico-artístico. ¡¡Cuidemos nuestro patrimonio y nuestros símbolos!!. No es preciso comportarnos alocada e irrespetuosamente con nuestro entorno para celebrar los éxitos y las euforias. La alegría y la emoción del momento se pueden celebrar de otras múltiples formas alternativas, más éticas y cívicas…