Toledo ciudad de arte
Madrid es una de las ciudades más bellas y cualquier turista que venga para unos días tiene la suerte de que muy cerca se encuentra Toledo. Es conocida como la ciudad de las tres culturas porque durante siglos estuvo poblada por cristianos, judíos y árabes. Aunque el adjetivo que más le va monumentalmente hablando es el de "ciudad Imperial" y es que fue la sede de la corte de Carlos I de España y V de Alemania y se nota. Esa “imperialidad” rezuma por sus cuatro costados desde sus murallas hasta algunos de sus monasterios e iglesias. Y es que Toledo es una de las ciudades españolas con mayor riqueza monumental. Precisamente detrás de sus murallas la ciudad conserva un legado artístico y cultural también en forma de palacios, fortalezas, mezquitas y sinagogas. Una de las delicias es pasear por el casco antiguo de la capital manchega que también es Patrimonio de la Humanidad. Paseando por las angostas calles del centro uno puede perderse y llegar a la Iglesia de Santo Tomé que cuenta con una torre mudéjar del siglo XIV aunque sobre todo hay que visitarla para contemplar una de las mayores obras de arte de El Greco, el famoso "El entierro del Conde Orgaz" que precisamente fue pintado para ocupar este lugar. El otro día un guía me contó que esta obra se la encargó al Greco, el párroco de aquella iglesia que pertenecía al círculo del alto clero que frecuentaba el pintor. El objetivo era perpetuar la leyenda de que un piadoso caballero del siglo XVI, Don Gonzalo Ruiz, notario mayor de Castilla y señor de la villa de Orgaz, que en su día había pagado los gastos de reedificación de la iglesia de Santo Tomé, pues que a su muerte fue milagrosamente enterrado por los Santos Agustín y Esteban en una de las capillas del templo. Y esa es la “historia” que El Greco perpetuó y cuyo cuadro podemos contemplar aquí. Fíjate que incluso sólo por contemplar este lienzo ya merecería la pena visitar la ciudad.
Aunque antes de perdernos y si prefieres planear la visita recomiendo que la primera parada sea en la catedral. El templo se construyó sobre una mezquita musulmana. Su planta es de cinco naves y la techumbre está sujeta por 88 columnas. Las vidrieras datan de los siglos XIV, XV y XVI. Una de sus joyas es el retablo del Altar Mayor con esculturas policromadas de tamaño natural representando escenas del Nuevo Testamento elaboradas en madera dorada. Fue encargado por el cardenal Cisneros. Otra de las joyas es el impresionante coro que está considerado como el más grandioso de la cristiandad. La sillería se empezó a tallar en el siglo XV con escenas de rendición de plazas y fortalezas hasta llegar a la conquista de Granada. El coro fue realizado por Alonso de Berruguete y Felipe Vigarni un siglo después. En la sacristía encontramos pinturas de Lucas Jordán y del Greco.
Después de empaparnos de arte, arquitectura y de Historia, hay que descansar un rato. Los que tengan ganas de coger el coche, merece la pena acercarse hasta el Parador. Tanto para comer como para merendar o tomar el aperitivo. Además de la cocina típica castellano-manchega lo mejor de todo son las vistas desde el restaurante y la terraza. Una panorámica inigualable del perfil monumental de Toledo con sus más valiosas joyas, como la Catedral, el Alcázar y las sinagogas. El Parador se encuentra situado en el Cerro del Emperador junto a un meandro del río Tajo y desde la terraza o incluso desde los ventanales en el interior del restaurante la ciudad parece un auténtico Nacimiento viviente en cualquier época del año. El hotel tiene piscina y te ofrece distintas actividades relacionadas con la naturaleza. Desde las habitaciones, salones, terraza y piscina también puedes contemplar las bellas vistas de la ciudad y de las zonas interiores destacan sus lujosas instalaciones. Un confortable mobiliario que incluyen vigas, escaleras, barandillas de madera y elementos mudéjares por ejemplo en las alfombras y en los azulejos. En cuanto al restaurante ofrece los platos típicos castellano-manchegos como la perdiz estofada a la toledana o cordero asado, y de postre helado de queso y miel y los mazapanes que también y durante todo el año podemos encontrar en las confiterías del centro.
Si nos quedan ganas de seguir pateando la ciudad después de haber cargado las pilas otro de los lugares encantadores es el Monasterio de San Juan de los Reyes. Fue un encargo de los Reyes Católicos en acción de gracias y para conmemorar la victoria en la Batalla de Toro. Posee un claustro de gótico tardío y la techumbre de la segunda planta es de estilo mudéjar. Hablando de mezcla de culturas, algo muy patente en Toledo, precisamente la Sinagoga del Tránsito es una de las muestras más importantes del arte hispanojudío. Fue construida en el siglo XIV. Está adornada con elementos mudéjares y motivos geométricos, florales e inscripciones árabes y hebreas. Yo creo que por un día ya está bien, aunque como te puedes imaginar en Toledo hay muchos otros lugares con encanto… los descubriremos en otra ocasión. Hasta luego.